Apuesta del norte de Chile por una uva de mesa con mínimos residuos ya es una realidad
ANASAC Chile, junto a APECO y productores de Atacama y Coquimbo, comienzan a ver resultados de proyecto pionero para diferenciar la uva de mesa chilena en mercados exigentes, usando exclusivamente Biorracionales® de Anasac. Productores, exportadores y técnicos coinciden en que producir fruta sin residuos ya no es una utopía: es el camino concreto para competir.
En las parras del Fundo Apacheta, perteneciente a Agrícola UAC Ltda. en el Valle de Copiapó, tuvo lugar el 4 de febrero de 2026 un encuentro que marca un punto de inflexión para la uva de mesa del norte de Chile. Cerca de 20 representantes de empresas productoras, exportadoras y asesores técnicos de la zona se reunieron para compartir resultados y avances del proyecto “Estrategia en el manejo de uva de mesa con mínimo residuos”, impulsado por ANASAC Chile en alianza con APECO, la Asociación de Productores y Exportadores del Valle de Copiapó.
La variedad Allison, presente en las 2,3 hectáreas del fundo, fue el escenario vivo de una demostración que hasta hace poco parecía difícil de garantizar en producción comercial: que la fruta puede llegar a cosecha prácticamente libre de residuos de fitosanitarios, usando un programa íntegramente basado en Biorracionales® desde el período de floración, sin sacrificar los estándares productivos y de calidad de una agricultura convencional.
Un diagnóstico que exige un giro estratégico
El punto de partida del proyecto es un diagnóstico sin eufemismos: la producción de uva de mesa en las regiones III y IV enfrenta una competencia directa y creciente con Perú, precios deprimidos y un horizonte de rentabilidad incierto para quienes no encuentren una forma de diferenciarse. La respuesta que ANASAC y APECO proponen no solo producir más, sino tener un modelo de producción diferente.
La lógica es concreta: obtener fruta con mínimo o cero residuos de fitosanitarios a cosecha abre puertas a mercados de alto valor y amplía las posibilidades para las áreas comerciales. Un argumento adicional juega a favor del norte chileno: la ausencia de Lobesia botrana, la polilla de la vid, que obliga a los productores de la zona centro sur del país a recurrir a insecticidas convencionales que dejan residuos. Esa asimetría es, técnicamente, una ventaja competitiva que el proyecto busca capitalizar.
Cómo nació la idea: del manzano a la vid
La semilla de este proyecto no se plantó en Copiapó. Como explica Mónica Reveco, Sub Gerente de Marketing Estratégico de ANASAC Chile, la empresa ya había recorrido un camino similar en otro cultivo: “Habíamos tenido una experiencia de producción de frutas con mínimos residuos hace un par de temporadas, específicamente en el cultivo de las pomáceas, las manzanas. Fue una iniciativa que desarrollamos en conjunto con algunos de nuestros clientes durante por lo menos 3 años y que nos dio muy buenos resultados.”
En esa plataforma, además de los Biorracionales® del portafolio ANASAC, se integraron herramientas como el monitoreo de plagas a través de Xilema —empresa miembro del holding Anasac— y el uso de agentes de control biológico también generados por esa compañía. El éxito de esa experiencia sembró la intención de expandirla a otros cultivos.
“En sucesivas conversaciones, tanto con Mauricio Flores, nuestro Crop Manager de Uva de Mesa, como con clientes y el equipo comercial de la tercera y cuarta región, veníamos viendo ya desde hacía tiempo los desafíos que enfrenta la producción de uva de mesa en la zona norte. Uno de los aspectos en que coincidíamos todos es que tal vez una de las maneras de mantener la producción comercialmente atractiva era el poder diferenciarnos”, relata Reveco.
A partir de esa búsqueda de diferenciación, ANASAC comenzó a diseñar primero acciones exploratorias con productos particulares en distintas zonas del país. Tuvieron también el aporte de Dragomir Ljubetic, consultor privado que, en palabras de Reveco, “nos aportó con su visión desde el punto de vista de su expertise como consultor, que está en el día a día de la realidad de los campos, de lo que los clientes están necesitando”.
“Finalmente definimos que durante esta temporada estábamos listos para traspasar esto hacia el mundo de la uva de mesa. Estamos muy contentos porque vemos que esto de verdad tiene un potencial de expandirse. Nos confirma muchas de las hipótesis que nos planteamos en algún momento y creemos que puede ser un primer paso fundamental para lograr esta tan anhelada diferenciación del producto chileno, que nos permita mejorar la competitividad de los valles de Copiapó, del Elqui y Limarí”, concluye la ejecutiva.
Por qué el norte y por qué ahora
Mauricio Flores Meza, Ing. Agr. Crop Manager de Uva de Mesa de ANASAC y líder del proyecto, explica el contexto con precisión: “En la zona norte, los últimos años ha existido una fuerte competencia directa de Perú sobre la tercera y cuarta región, con dificultad de diferenciarse y competir. Nuestra zona norte tiene mayores dificultades productivas por una condición climática más adversa.”
El proyecto, que comenzó en invierno su planificación y luego con la brotación de los parrones, donde se comenzó aplicar el programa fitosanitario establecido, ahora marca un hito con este encuentro realizado una semana antes de la cosecha.
Su alcance se despliega en seis cuarteles que suman cerca de 10 hectáreas distribuidas entre las regiones de Atacama y Coquimbo. En la Región de Atacama se trabaja con cuatro cuarteles: uno donde se hizo el cierre que es la Agrícola UAC con la variedad Allison, otro en Agrícola Dainal con la variedad Autumn Crisp y dos cuarteles de Agrícola Atacama Copiapó, con variedades Autumn Crisp y Sweet Globe. En la Región de Coquimbo, Agrícola Atacama desarrolla dos cuarteles adicionales en Vicuña, también con las variedades Autumn Crisp y Sweet Globe.
El compromiso con la verificación integral del proceso llevará al equipo de ANASAC a Estados Unidos durante la primera semana de abril, donde evaluarán cómo se comporta la fruta tras todo el proceso exportador: embalaje, entrada a frío, travesía marítima, fumigación y llegada a destino, cerrando así el círculo completo del primer año de implementación.
La propuesta no es convertirse en producción orgánica. “Eso implica mayores costos en certificación, años para acreditar la condición orgánica, además de reducir producción y calibres por la imposibilidad de fertilizar. Lo que estamos planteando es acreditar menos residuos en la fruta, lo que se garantiza con un análisis de multiresiduos que hacen los productores todos los años, y que es de fácil escalamiento”, precisa Flores.
A esto se suman dos factores técnicos habilitantes: el mayor conocimiento acumulado por ANASAC sobre la eficacia de sus Biorracionales® en condiciones reales de campo, y el cambio varietal que ha vivido la uva de mesa en los últimos años, con genética que facilita lograr fruta limpia.
El portafolio biorracional: doce herramientas, cero días de carencia
ANASAC llega a este proyecto con un portafolio construido y desarrollado durante una década. “Tomamos una decisión hace ya 10 años de buscar en el mundo este tipo de soluciones, principalmente en Estados Unidos, Europa, y también en Chile, donde hemos podido incorporar a nuestro portafolio tremendas soluciones de desarrollo local. Actualmente tenemos 12 productos Biorracionales® con registro para uva de mesa: 5 biofungicidas, 4 bioinsecticidas, 2 feromonas de confusión sexual para Lobesia y 1 bioherbicida. Por lejos, tenemos la mayor paleta y conocimiento de soluciones Biorracionales® en Chile”, afirma Flores.
En el campo de los biofungicidas, el programa utiliza ProBLAD®, un extracto de lupino de origen portugués con péptido de acción fungicida sobre oídio, botrytis y pudrición ácida; Stargus®, un biofungicida norteamericano basado en endosporas de la bacteria Bacillus amyloliquefaciens y su medio fermentativo, con eficacia sobre los mismos blancos; y Botector®, de origen austriaco, constituido por dos cepas de la levadura Aureobasidium pullulans. Este último se destaca por duplicar su población en menos de seis horas, actuar como sellador de microlesiones y tolerar condiciones extremas de temperatura (0 a 50 °C), pH de 2 a 11 y alta radiación ultravioleta, característica del clima del norte. Se complementa con Agrocopper®, producto chileno en base a cobre, que se diferencia por su alta concentración, efectividad y rapidez de acción, recomendado para el manejo de la pudrición ácida bacteriana.
Para el control de insectos, el programa incorpora Grandevo®, cuyo ingrediente activo son metabolitos de la fermentación de la bacteria Chromobacterium subtsugae, con acción insecticida y de repelencia sobre trips, brevipalpus y chanchito blanco. Todos los productos tienen exención de Límite Máximo de Residuos y cero días de carencia, lo que permite aplicarlos incluso cerca o durante la cosecha sin comprometer la inocuidad de la fruta.
Las voces del sector: por qué se sumaron
Desde APECO, la Gerente General Alejandra Narváez ve en el proyecto una oportunidad estratégica que va más allá de la técnica: “Este tipo de proyectos e instancias de ensayos son muy útiles para toda la agricultura de Atacama. Los mercados están requiriendo productos más inocuos, con menos residuos. Lo que queremos es que a través de este proyecto podamos ir generando oportunidades, mayor productividad y diferenciándonos de otras uvas de nuestros competidores. La idea es seguir haciendo de Atacama una uva diferenciada, y es lo que estamos apostando.”
Scola Alcayaga, SubGerente Agrícola Norte de Del Monte / Agrícola UAC, describe la decisión de sumarse como inmediata: “Es una iniciativa muy interesante. Cuando nos lo propusieron, nos sumamos inmediatamente porque va en línea con lo que está haciendo la empresa en el tema de la sustentabilidad. Buscamos una alternativa de comercialización con fruta de bajos residuos.”
Más allá de la técnica: impacto social y modelo de acompañamiento
Flores también encuadra el proyecto en una dimensión que trasciende lo agronómico: “Debemos considerar que existe una amenaza por pérdida de rentabilidad del negocio en la zona, que es una de las principales fuentes laborales agrícolas de la región. Ese es un primer foco relevante a nivel social. Debemos establecer la factibilidad técnica de producir un producto diferenciable, y que las áreas comerciales —tanto exportadoras como productoras - exportadoras — puedan ofrecer algo distinto en los mercados internacionales.”
Lo que distingue a esta iniciativa de una simple recomendación técnica es su estructura de compromiso. El proyecto implica un acuerdo formal entre ANASAC y los productores para ejecutar un programa fitosanitario preestablecido, con acompañamiento permanente de asesores durante toda la temporada. Los resultados son verificables a través de análisis de multiresiduos que los propios productores realizan, lo que hace al modelo transparente, medible y escalable.
Un primer paso fundamental
El proyecto se autodefine como “el primer paso seguro y medible hacia un camino de sostenibilidad”. No promete una revolución instantánea. Ofrece una ruta concreta: herramientas probadas, acompañamiento en campo y una lógica de mercado clara. Producir diferente para vender mejor.
Para el sector exportador chileno en su conjunto, es una señal de que el norte puede competir no solo por precio o ventana comercial, sino por la calidad intrínseca y la trazabilidad de su producción. La fruta limpia del norte de Chile está dando sus primeros pasos serios hacia los mercados más exigentes del mundo.
GreenNetwork/Alejandro Saavedra