El carbono que ya cotiza en el campo chileno

06-07-2026

Empresas agrícolas y forestales chilenas empiezan a vender el carbono que sus suelos capturan. Nestlé, Carboneg y un proyecto de arroceros muestran cómo opera hoy ese negocio.

El problema de fondo


La agricultura emite gases de efecto invernadero, pero también puede capturarlos. Cada hectárea manejada de cierta forma retiene carbono en el suelo en lugar de liberarlo a la atmósfera.

Ese carbono, antes invisible para cualquier balance económico, hoy se mide, se certifica y se vende. Así nació el mercado de carbono, y la agroindustria es uno de sus proveedores más activos.


Cómo funciona el negocio


Existen dos tipos de mercado. El regulado obliga a ciertas industrias a comprar derechos de emisión, como el sistema europeo, vigente desde 2005, donde la tonelada de CO₂ ha llegado a superar los cien euros.

El voluntario es el que toca directamente al agro. Una empresa certifica que su forma de producir capturó o evitó emisiones, y vende ese resultado como crédito a otra empresa que necesita compensar su huella.

Para que el suelo genere ese crédito, el productor debe cambiar prácticas: rotar cultivos, sumar cultivos de cobertura, reducir agroquímicos o planificar el pastoreo. Todo bajo monitoreo y certificación internacional, con estándares como Verra.


Quién ya está vendiendo carbono en Chile


Nestlé Chile trabaja desde 2021 con INIA y agricultores del Maule, Ñuble y La Araucanía en un proyecto de transición hacia agricultura regenerativa en cereales, avena y cebada. En su primer año medido, logró reducir 4.500 toneladas de CO₂ equivalente.


La startup checa Carboneg opera con otro modelo: financia los análisis de suelo y la certificación de campos en el sur de Chile, y a cambio se queda con la venta de los créditos en el mercado internacional. Los contratos con agricultores duran cinco años y son renovables.


En el sector forestal, Corma, Corfo, BancoEstado y Fundación Chile firmaron en marzo un acuerdo con los ministerios de Economía, Agricultura y Medio Ambiente para que pequeños y medianos propietarios forestales, hasta ahora fuera de este negocio, puedan también vender bonos de carbono.


El caso del arroz: medir para poder vender


El arroz es uno de los cultivos donde el mercado de carbono está más avanzado en Chile. El cultivo inundado emite metano, y reducir esa emisión es exactamente lo que un comprador de créditos está dispuesto a pagar.

Desde agosto de 2025, el IICA ejecuta en Chile, Argentina, Brasil, Ecuador y Uruguay el proyecto Plataforma habilitante para la participación de los productores de arroz en los mercados de carbono, financiado por la Coalición por el Clima y el Aire Limpio de Naciones Unidas.


El proyecto instala un sistema digital de Monitoreo, Reporte y Verificación, que permite medir con precisión cuánto metano deja de emitirse al no inundar los arrozales. Sin esa medición certificada, no hay crédito que vender.

En diciembre se constituyeron los comités directivo y técnico del proyecto en Chile, con representantes de ODEPA, INDAP, INIA, la Sociedad Nacional de Agricultura y empresas como Tucapel y Carozzi. Productores como Mario Concha, de la asociación gremial Unicaven, ya ven en esto una vía de diferenciación comercial, además de ambiental.


La oportunidad, con letra chica


Ningún actor del sector promete ingresos inmediatos. Generar un crédito de carbono exige inversión inicial, monitoreo sostenido y procesos de certificación que toman años, no meses.


Pero el respaldo institucional ya está. Chile cuenta con una Ley Marco de Cambio Climático y una Hoja de Ruta de Instrumentos de Precio y Mercados de Carbono, y solo en proyectos de mitigación ligados a acuerdos con Suiza y


Japón movilizará 1.400 millones de dólares desde este 2026.

Para la agroindustria, la señal es clara: el suelo dejó de ser solo una superficie productiva. Empieza a ser, también, un activo financiero.


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