Certificaciones en Agricultura Regenerativa en Chile: Situación actual y perspectivas

Para Avellano europeo, Vitivinicultura, Fruta fresca y Ganadería las soluciones y avances son diferentes, te contamos junto a especialistas sobre su importancia y cómo las utilizan para exportar y para el consumo nacional con valor agregado.
La agricultura regenerativa ha emergido como una respuesta prometedora a los desafíos ambientales y productivos que enfrenta Chile, un país cuya economía depende en gran medida de su sector agrícola.
Este enfoque, que busca restaurar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y mitigar el cambio climático, está ganando terreno en cultivos clave como el avellano europeo, la vitivinicultura, las frutas frescas y también en la ganadería. Sin embargo, la adopción de certificaciones que validen estas prácticas aún está en una etapa incipiente. A continuación, exploramos la situación actual de estas certificaciones en Chile, con opiniones de expertos que arrojan luz sobre los avances, desafíos y oportunidades.
Primero, qué es la Agricultura Regenerativa y por qué es importante certificarla
La agricultura regenerativa va más allá de la sostenibilidad tradicional: no solo busca minimizar el daño, sino regenerar activamente los ecosistemas. En Chile, donde la degradación del suelo y la escasez hídrica son preocupaciones crecientes, este modelo se alinea con la necesidad de producir alimentos de calidad mientras se protege el medio ambiente.
Como nos dice Antonio Gaete, experto en agricultura regenerativa y miembro del Grupo Fruticultura Regenerativa, “la agricultura regenerativa es mucho más acuciosa en lo técnico, es mucho más aguda de cómo uno tiene que ir cubriendo ciertos requerimientos.
A diferencia de la sustentabilidad que lo que busca es romper monocultivos, aumentar biodiversidad, cosa que también lo busca la agricultura regenerativa, la agricultura regenerativa tiene más exigencias desde el punto de vista ambiental, como también desde el punto de vista productivo y desde la salud del suelo”.
Por lo tanto, nos explica, son dos caminos totalmente independientes pero que probablemente se complementan unos con otros, ya que la sustentabilidad no se centra específicamente en la importancia del cumplimiento desde la recuperación de suelo y la mejora en calidad que uno va desarrollando temporada a temporada.
“En el caso de la agricultura regenerativa sí tiene una exigencia, y uno de los pilares más importantes dentro de lo que se está desarrollando es hoy día buscar recuperar el suelo en base a las prácticas que se están haciendo durante toda la temporada. Por ejemplo, si mi análisis nutricional indica que tengo un 2% de materia orgánica. Ese es mi desde.
De ahí para adelante tengo que empezar a ir manteniéndolo o, en su mejor de los casos, mejorándolo. Pero nunca tiene que ir bajando el porcentaje de materia orgánica. Lo mismo viene ocurriendo desde el punto de vista de la nutrición, desde la exigencia, cuando un elemento en particular, por ejemplo, un potasio disponible está en 275 miligramos por kilo y los parámetros adecuados son entre 125 y 175”. Automáticamente, continúa Gaete, “en el caso de la agricultura regenerativa, obliga a suspender la aplicación de este elemento en particular y te ayuda a poder buscar alternativas para poder disponibilizar este elemento y que la planta lo tome de forma mucho más adecuada”.
Avellanos
Para Avellano Europeo, una empresa que los exportadores reconocen para certificarse es SCS Global Services, empresa nacida en California, Estados Unidos, pionera y líder en el campo de las normas de sostenibilidad y la certificación por terceros, con más de 40 años trabajando en los sectores de los recursos naturales, la construcción, la alimentación y la agricultura, los productos de consumo y el clima.
La demanda global de este fruto es liderada por empresas como Ferrero, y se ha transformado en un cultivo estratégico en regiones como Maule, Ñuble y La Araucanía, según los expertos la agricultura regenerativa es más fácil de implementar en este cultivo que en otros frutales porque tiene menos rotaciones, lo que permite mantener cubiertas vegetales y evitar la degradación del suelo. La chocolatera italiana actualmente certifica su producción bajo el sello Sustainable Grown.
La certificación SCS Sustainably Grown, desarrollada por SCS Global Services, es un estándar reconocido internacionalmente que promueve la agricultura sostenible mediante un marco integral que evalúa y fomenta la mejora continua en las prácticas agrícolas.
Este estándar se enfoca en tres pilares principales: integridad empresarial, prácticas agrícolas sostenibles y gestión ética, asegurando que los productores mantengan un equilibrio entre la protección ambiental, la responsabilidad social y la viabilidad económica.
Aplicable a cultivos de todo tipo y tamaño a nivel global, tanto convencionales como orgánicos, busca garantizar un entorno laboral seguro, proteger recursos naturales como el agua y el suelo, reducir las emisiones de carbono y apoyar a las comunidades agrícolas, ofreciendo a los productores una hoja de ruta para satisfacer la creciente demanda de productos sostenibles y acceder a mercados que valoran la gestión responsable.
Pía Aranguren, Directora Ejecutiva Drimys, empresa nacional enfocada en la asesoría y en la certificación de temas de sostenibilidad en el rubro silvo agropecuario, nos cuenta que se dedican a guiar a empresas a la transición de una agricultura convencional a una más sostenible.
Nos complementa que desde el año 2021 Drimys es representante autorizado de la certificación Sustainably Grown de SCS Global Services en Chile. También su equipo de auditores realiza certificaciones para Rainforest Alliance, Pesticide Residue Free y Smart Planet.
Nos explica que en los sistemas de certificaciones que tienen que ver con regenerativo, con agricultura orgánica u otro tipo de certificaciones, “los requisitos están relacionados a cumplir con el estándar y más que una automedición, que es la que pide Sustainable Grown, que es la certificación que nosotros estamos implementando en Chile”.
Esta certificación sí exige un nivel base y mide se va mejorando en el tiempo según el recurso natural que se quiera medir. Como por ejemplo, en el caso de eficiencia energética, se puede ir midiendo cuánto es tu disminución en kilowatts por caja dependiendo de las prácticas sostenibles que tú vas implementando.
“Nosotros apoyamos a las empresas para que ellos implementen prácticas sostenibles para que puedan ir disminuyendo estos valores de medición”, nos explica.
Empresas como Agrichile, principal proveedor de Ferrero, incorporan prácticas regenerativas, como el uso de cubiertas vegetales y bioestimulantes para aumentar la materia orgánica, lo que será un requisito para una futura certificación formal de agricultura regenerativa, que aún está en desarrollo.
Vitivinicultura: Pionera en Regeneración
La vitivinicultura chilena es uno de los sectores más avanzados en la adopción de prácticas regenerativas. Viñas como Miguel Torres y Montes han implementado manejos holísticos inspirados en Allan Savory, su creador, mientras que otras, como Viña Santa Ema, destacan por su enfoque en suelos vivos. Viña Concha y Toro también destacó recientemente como la viña más sustentable del mundo según Dow Jones Sustainability Yearbook 2025.
Está claro, el vino chileno no solo es calidad, tienen los más altos estándares en el cuidado del medioambiente, para eso la Asociación de Viticultura Regenerativa de Chile, inspirada en su par ibérico, está trabajando hace algún tiempo en la implementación de la Certificación Internacional RVA (Regenerative Viticulture Alliance).
El estándar RVA, en colaboración con The Regenerative Viticulture Foundation, cuenta con la verificación de los viñedos por parte de Ecocert, líder mundial en certificación orgánica y sostenible.
Esta certificación reconoce los esfuerzos realizados por los viticultores y productores de vino que aplican este modelo vitícola y certifica los vinos que proceden de viñedos regenerativos y, por tanto, contribuyen a mitigar los efectos del calentamiento global gracias a su función como sumideros de carbono.
Uno de los beneficios más importante de este tipo de viticultura es la captura y fijación de carbono atmosférico en el suelo, contribuyendo a reducir los niveles de CO2 de la atmósfera, uno de los gases con mayor impacto en el efecto invernadero y calentamiento global.
Adentrándonos más en este distintivo, nos explican que se establecen dos niveles de certificación en función de la ejecución y extensión de las prácticas regenerativas, en ambos casos, el viñedo deberá cumplir con la normativa ecológica esté certificado o no.
Por un lado, ‘RVA Certified’ se otorga cuando se implementa la totalidad de las prácticas de viticultura regenerativa contempladas en la norma, que incluyen cubiertas vegetales, no labrado, enmiendas orgánicas, pastoreo racional (o control mecánico sustitutivo), conservación de la biodiversidad, realización de ensayos de campo y análisis microbiológicos, así como garantizar el bienestar animal y unas condiciones laborales dignas.
Por otro lado, ‘RVA Transition’ tiene un nivel de exigencia menor y se concede a aquellos viticultores y bodegueros cuyos viñedos se encuentran en un proceso de transición hacia un modelo regenerativo pero que todavía no aplican todas las prácticas.
Sin duda son grandes avances que dan a la vitivinicultura chilena un valor agregado, sin embargo estos cambios en la forma de producir llevan tiempo, presupuesto y un propósito, además es necesario tener presente que en Chile existen viñas emergentes y aunque el sector vitivinícola está a la vanguardia, la falta de difusión y los costos asociados a las certificaciones internacionales son barreras para los pequeños productores. Siendo en la actualidad la herramienta de certificación grupal orgánica mediante el SAG, la alternativa más cercana a ellos.
Frutas frescas de exportación
Para arándanos y uva de mesa, nos complementa Antonio Gaete que son principalmente para el mercado americano, “tenemos que certificarnos orgánico y después, a través de la misma certificación orgánica de la empresa, hacemos la certificación regenerativa”.
Una de las empresas que ofrecen esta certificación es ECOCERT, bajo la Certificación Orgánica Regenerativa (ROC), estándar que asegura que los productos alimenticios, textiles y de cuidado personal se obtienen promoviendo la restauración de ecosistemas, la salud del suelo y el bienestar animal, a la vez que se respeta a las comunidades y trabajadores.
Esta certificación busca mitigar el impacto de la agricultura industrial en el cambio climático, que se ha relacionado con alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero globalmente. En contraste con la agricultura industrial, la ROC enfatiza un enfoque holístico que trata los campos como ecosistemas, promoviendo prácticas agrícolas que aumentan la diversidad de microorganismos, mejoran la materia orgánica del suelo y, en consecuencia, aumentan los rendimientos de producción.
Implementada por la Regenerative Organic Alliance en 2017, la certificación ROC se basa en prácticas orgánicas y requiere técnicas como el uso de cultivos de cobertura, rotación de cultivos, labranza mínima, y la prohibición de organismos genéticamente modificados (OGM) y pesticidas químicos. Además, la certificación establece criterios para el bienestar animal, como el pastoreo rotacional y condiciones que favorezcan el comportamiento natural de los animales. En el ámbito social, promueve salarios dignos, condiciones laborales justas y la eliminación del trabajo forzado, asegurando así la equidad en las comunidades agrícolas.
Con otro enfoque AENOR es otra empresa presente en Latinoamérica que certifica Agricultura Regenerativa ofreciendo un estándar verificable que asegura a consumidores y mercados. La certificación de AENOR, lanzada en Chile el 2024, se centra en validar sistemas de producción que mejoran la fertilidad del suelo y reducen el uso de insumos químicos, con un enfoque práctico adaptado a las necesidades de los productores locales.
La certificación, dividida en dos categorías —“Certificación AENOR Agricultura Regenerativa” y “Certificación AENOR Epigen Healthy Bite”—, valida sistemas de producción que mejoran la fertilidad del suelo, reducen la dependencia de insumos químicos y fomentan la captura de carbono, respondiendo a desafíos como la escasez hídrica y la degradación de los suelos.
Desde su lanzamiento son muchas las expectativas generadas por el sector frutícola en un avance estandarizado de este tipo de certificación, sin embargo los expertos opinan que los modelos deben adaptarse a las realidades y características locales de cada uno de los cultivos, que en Chile son variados, al igual que su clima y manejo. Las frutas frescas, como arándanos, cerezos y uvas de mesa, enfrentan retos únicos debido a su alta rotación y exigencias de exportación, la mecanización y la necesidad de suelos estables complican su aplicación.
Andrés Arias, ingeniero agrónomo, magíster en Manejo de Suelos y Aguas y Fundador de Manejo de Suelo Regenerativo SPA, nos comenta que en fruta fresca en Chile, “estamos recién empezando a comprender en profundidad la agricultura regenerativa. Existen muchos productos y manejos, pero en la práctica, aún no se sabe bien cómo utilizarlos dentro de estrategias que vayan más allá de solucionar problemas puntuales”.
Arias comenta a GreenNetwork que ellos principalmente trabajan en identificar y eliminar las limitantes productivas del suelo mediante estrategias integrales. Esto no solo mejora la productividad de manera homogénea a futuro, sino que, como consecuencia, también fortalece la salud del suelo en todos sus aspectos.
“En cuanto a certificaciones, estamos aún más atrasados. No hay definiciones claras y, muchas veces, tampoco certezas sobre los métodos adecuados para evaluar y monitorear la salud del suelo a lo largo del tiempo. Para hacer esto bien, se deben considerar múltiples dimensiones: física, química, biológica, edafológica e incluso las prácticas culturales que se implementan y su viabilidad en campo”, nos complementa.
“Lo que sí sabemos con certeza en la ciencia del suelo es que hay muchos parámetros que podemos medir y que cumplen funciones claras dentro de los procesos del suelo. Un ejemplo clásico es el análisis químico, que nos da una visión detallada de la fertilidad y el balance de nutrientes. Sin embargo, a menudo dejamos de lado aspectos igual de importantes, como la física y la biología del suelo, además de su mineralogía y la interacción con el manejo agrícola”.
Nos explica que actualmente, la medición del carbono en el suelo o de la materia orgánica es un indicador clave dentro de la agricultura regenerativa. Sin embargo, es importante entender sus limitaciones. No es lo mismo aplicar materia orgánica en un suelo arcilloso que en uno arenoso: la velocidad con la que el suelo la asimila, la cantidad efectiva que queda retenida y su impacto en la microfauna varían considerablemente. Más materia orgánica no siempre es mejor.
Por ejemplo, en suelos arenosos, un exceso puede generar hidrofobicidad y afectar la distribución del agua. También puede ocurrir que la materia orgánica quede mal incorporada y se estratifique en el perfil del suelo, generando zonas con alta salinidad y acumulación de amonio, lo que inhibe el crecimiento radicular.
“Por eso, el mensaje clave es invitar a los agricultores a asesorarse con expertos en suelo y a monitorear sus campos con una visión integral. No se trata solo de corregir una limitante a corto plazo, sino de tomar decisiones que contribuyan a la salud y sostenibilidad del suelo en el largo plazo”.
Diego Kirberg, ingeniero agrónomo M.Sc en Manejo de Suelos y Aguas, de la empresa MSR, nos complementa: “yo creo que hoy las certificaciones, sin lugar a dudas, se están desarrollando. Se están validando muchas. Creo que pasó lo mismo con el tema orgánico: en un principio no había muchas certificaciones y luego surgieron a nivel mundial. Respecto a lo regenerativo, todavía estamos avanzando en eso, porque también el concepto mismo es algo más amplio”.
Nos explica que la regeneración apunta a mejorar la salud del suelo, y esa salud se puede lograr de muchas formas. “Por lo tanto creo que es difícil categorizar y decir: sí, esta es la manera de hacerlo y estos son los indicadores. Creo que tenemos que partir de indicadores que sean lo más amplios posible en cuanto a las respuestas que estamos midiendo y luego ir a indicadores más específicos que puedan entregarnos más información sobre algún proceso en particular”.
Kirberg nos comenta que dentro de esos indicadores, la materia orgánica o el carbono total de los suelos, aumentar el carbono total del suelo mediante manejos, es un indicador muy valioso. “También podemos relacionarlo con la microbiología del suelo, la masa microbiana del suelo en una primera instancia. Después podemos ir a la meta genómica y cosas específicas, pero creo que es mejor ir de lo general a lo específico. En ese sentido, la masa microbiana del suelo es un indicador claro de cómo los manejos están mejorando la cantidad de microorganismos del suelo”.
Nos complementa que no solo estando certificados podemos ver estos avances, “También tenemos parámetros físicos que nos indican que un suelo está en mejor condición, como la estabilidad de los agregados, la velocidad de infiltración del suelo y la densidad aparente.
Creo que son indicadores que no son tan costosos de medir y que en una primera instancia te entregan bastante información. Por ejemplo la compactación del suelo, medida de manera indirecta a través de la resistencia a la penetración, nos entrega de forma simple una idea de la porosidad, oxigenación y flujos de agua que puede tener ese suelo. Por lo tanto, creo que se puede abordar inicialmente con algunos parámetros de bajo costo, pero que pueden entregarnos mucha información”.
Carnes: Ganadería Regenerativa en Ascenso
Sin duda, la ganadería regenerativa es la más avanzada en ya contar con una vía de comercialización incluso a nivel local. Hoy en día es posible ir a un supermercado chileno, y comprar carne con sello regenerativo, hablamos con Nicanor Allende, Gerente General FT Foods, que bajo la marca “La Reserva”, tienen en la cadena Wallmart sus cortes disponibles.
Nos cuenta que en respuesta a las crecientes preocupaciones medioambientales, en 2022 lanzaron “La Reserva”, una marca que buscaba transformar la ganadería hacia un modelo regenerativo.
“Este enfoque respeta los ciclos naturales de la tierra, promueve la biodiversidad de las praderas y favorece la recuperación del suelo, convirtiendo los pastizales en "Bombas de Carbono" que capturan toneladas de CO₂ atmosférico. Así, posicionamos a los ganaderos como parte de la solución al cambio climático. Nuestra propuesta se distingue por su compromiso con la calidad, el respeto medioambiental y la colaboración con ganaderos del sur de Chile que comparten nuestra visión de producción sostenible, libre de hormonas (100% natural) y centrada en la regeneración del suelo”. Nos cuenta apasionado.
Con una visión en sostenibilidad que va más allá de reducir el impacto ambiental. Creen en un modelo que, bien implementado, no solo disminuye el daño, sino que regenera la tierra, nos indican que este enfoque regenerativo buscar garantizar la producción de carne de manera responsable, asegurando la salud del suelo y la biodiversidad.
“Nuestro compromiso está en constante evolución y hoy trabajamos con ganaderos que han decidido sumarse a este cambio, derribando mitos y demostrando que este modelo puede ser incluso más eficiente y rentable.”
Allende nos comenta que para ellos esta certificación no sólo aporta credibilidad, sino que también ayuda a educar a los consumidores sobre la importancia de elegir carne regenerativa.
“Obtener el sello regenerativo implicó un proceso riguroso, con certificaciones que garantizan que nuestros métodos cumplen con los estándares más exigentes. Este proceso nos ha permitido diferenciarnos y entregar un producto de mayor calidad, con un impacto ambiental positivo. Nos enorgullece que ganaderos del sur de Chile han logrado regenerar sus suelos, mejorar la productividad de sus campos y acceder a nuevos mercados gracias a La Reserva”
Un hito importante para ellos fue el reconocimiento de Walmart como proveedor regenerativo, lo que refuerza la confianza en nuestro modelo, así como también la entrega del Golden Ticket que permite que los productos de La Reserva sean vendidos en los distintos países donde la cadena está presente.
Futuro Regenerativo
En conclusión, el ámbito de las certificaciones en agricultura regenerativa en Chile es un tema diverso y multifacético que refleja una variedad de opiniones y enfoques tanto de expertos como de empresas del sector. Mientras que la adopción de certificaciones sigue su camino hacia el desarrollo en distintos cultivos, desde avellanos hasta la ganadería es evidente que el futuro promete una expansión significativa.
Con un creciente reconocimiento de la importancia de prácticas agrícolas que no solo buscan la sostenibilidad, sino que activamente regeneran el suelo y promueven la biodiversidad, se abre la puerta a nuevas oportunidades en el mercado nacional e internacional. A medida que las certificaciones evolucionen y se adapten a las realidades locales, es probable que se fortalezcan los lazos entre la producción agrícola responsable y los consumidores conscientes, impulsando así un modelo productivo más alineado con la necesidad de un entorno más saludable y resiliente.
por Alejandro Saavedra